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01/12/2008
Jaimaican Roots

¡Salud y buenos humos!
02/12/2008
El Trío del Mal tras el Holocausto #3

Tras un tiempo de reflexiones morales y furiosos debates internos que me han impedido disponer de tiempo para continuar la historia, aquí muestro la ansiada tercera entrega a mi club de lectores.
Capítulo 3
El sol brilla con fuerza. ‘¿Qué es esta sensación que tanto me desagrada y tan familiar me resulta?’ se pregunta Txus. Una sensación interesante, algo que le hace recordar. Abre los ojos y los cierra ante el agresivo manto de luz que le abrasa las retinas. Se recuesta, baja la cabeza e intenta diferenciar formas y figuras entre la sombra de su cuerpo. El aire huele extraño, intensamente extraño, y la sensación extraña y familiar se acentúa por momentos. Se levanta. Da unos pasos y mira alrededor. Lo único que se ve son ondulaciones infatigables en el horizonte. Al suelo, arena endurecida por la tierra, y una llanura que se extiende hasta esas lejanas ondulaciones. Arriba el cielo, y sobre él, un gran sol que lo tiñe todo de luz. El olor intenso del aire, un olor a tierra intenso y ahogante, se ve un segundo interrumpido por otro más familiar, el del sudor que gotea a borbotones del cuerpo de Txus. Ahora lo entiende, la extraña sensación que sentía no era nada más que calor, pero le sorprende. Le sorprende que vea esa sensación tan lejana, como algo de una vida anterior que ahora retoma. Camina un poco más, se detiene. La ropa que lleva, una camiseta blanca de tirantes, unas bermudas verde claro y unas sandalias, no le suenan de nada. A decir verdad, nada le suena, ni siquiera él mismo. Entonces empieza a atar cabos. Pensando y pensando empieza a recordar sensaciones extrañas, extraoridnarias, como de otra vida, y de repente la iluminación: recuerda cuando estaban en la entrada de un hotel. Hacía frío, y estaba riendo. Estaba con sus amigos, entonces la pena le invade. Sabe por qué estaba con ellos. Luego recuerda el LSD que tomaron, y vuelve esa memoria amorfa que le dice cosas en otro idioma.
-Hemos tomado LSD. ¿Dónde estoy? ¿los demás?
A medida que se iba dando cuenta de dónde estaba, la preocupación aumentaba, así como su paso. Al alcanzar la cima de un monticulo pudo divisar una mancha a lo lejos, entre la planura del desierto. Corrió hacia ella, pero sólo los primeros tres minutos, ya que el sol no permitía mucho más. Al acercarse divisó una columna de humo negro, y bajo ella, un avión militar en llamas. Hay huellas humanas alrededor. ‘¿Serán mías?’ pensó Txus. Merodeó alrededor en círculos cada vez más grandes hasta que encontró algi que interrumpía la eterna planicie. Era un cobertizo chabolesco pero algo grande, pero lo más intrigante era que de ahí salían voces. Se apresuró a entrar mientras se percataba de que entendía lo que decían. Una tela tapaba la entrada. Asomó la cabeza y no vio a otros sino a Don y Samanta, que charlaban sentados en unos roídos sillones como cualquier día. Samanta tenía unas largas melenas hasta algo más que la media espalda, y Don lucía una frondosa barba que contrastaba con su cabeza rapada. Se les pusieron los ojos como platos al ver a Txus.
-¿Se puede? –Dijo Txus ironizando la excitación del momento.
-¡Me cagüen la hostia si es Txus!
-¿Ueee? ¡Joder qué potra chaval pero, si ya estábamos preocupados!
-Yo también me alegro de veros –contestó Txus.
Tras los abrazos y comentarios del momento, se sentaron en esos escuetos asientos y le contaron al desenterado de Txus la situación.
-Había un avión en llamas ahí al lado, ¿sabéis algo de eso?
-Sí. Dime, ¿te acuerdas del día ese que tomamos LSD antes de irnos de viaje?
-Sí, lo recordé hace poco, cuando me desperté ahí en el puto desierto.
-¿Cuánto tiempo crees que ha pasado?
-¿Mucho?
-Echa.
-Hombre, para haber acabado en este desierto...
Don acercó un reloj digital que llevaba y se lo mostró. Bajo la hora (las 13:26 para los curiosos), se veía la fecha, que marcaba 2 - 5 – 09.
-Anda mira, hoy es el día de Madrid –bromeó Txus. No sabía por qué, pero aún sabiendo la de tiempk que había pasado, estaba en un etsado que podía comprenderlo fácilmente si exclamaciones y fijarse en aspectos menos trascendentales. Aún así continuó- ¿Todo este tiempo ha pasado? ¡Pero si son...!
-Unos cinco meses de viaje –sentenció Samanta riendo.
-Y... ¿y dónde estamos? –preguntó txus observando la sonrisa que pusieron cuando formuló dicha pregunta.
-No te lo vas a creer.
-Hombre, teniendo en cuenta que ya es bastante difícil creerse que haya estado cinco meses de psicodelia pura, así que desembucha.
-Mira esto –dijo sacando un mapa en letras extrañas-. Es un mapa que encontramos aquí. ¿Sabes dónde estamos?
-¡¿¡¿Pakistán?!?!
-¡Pakistán primico!
-Pero... que no puede ser, cómo hemos llegado aquí?
-Seguramente en ese avión en llamas que está ahí uera –dijo Don.
-Y vete a saber tú dónde hemos estado antes –añadió Samanta.
-¿No será casualidad lo de ese mapa y estamos en Almería? –objetó Txus.
-También hemos encontrado otros papeles en árabe y un pasaporte que pone pakistán, mira –respondió Don mostrándoselo.
Txus se quedó pensando, su mente superproductiva no podía asimilar eso.
-Buah que movida –dijo.
Estuviaron ahí charlando y pensando en quñe harían ahora. A la hora Don dijo:
-Oye, igual son paranoias mías pero a mí me huele a porro aquí, y ninguno de nosotros tiene.
-¿Tú también lo hueles? ¡pensé que eran cosas mías! –dijo Txus.
-Yo... tengo mocos –añadió Samanta.
-Igual hay por aquí quién sabe. Que Pakistán pdroducía mucho y muy buen hachís –dijo Txus.
Empezaron a buscar y Don encontró algo que se salía de lo común en aquél suelo de tablas. Y era una puerta en el suelo atrancada con un cerrojo. Como no podían romperlo acabaron rompiendo la puerta, no sin esfuerzo, pues era de tablas toscas. Cuando lo consiguieron, bajaron unas escaleras de mader, y lo que ahí vieron fue aún más impresionante que todo lo anterior. Había en un habitáculo de unos treinta metros cuadrados ladrillos y ladrillos apilados hasta una altura de dos metros que ocupaban toda la estancia. Estos ladrillos depsedían un fuerte olor bastante peculiar, y al tocarlos cedían a la presión de los dedos.
-¿Es lo que yo pienso que es? –preguntó Don.
-Tío, esto no se puede creer. ¡Aquí debe de haber toneladas de hachís pakistaní!
La siguiente escena es la de nuestros amigos fumando hachís en pipa con un pelotazo de la virgen.
-Tío, ¡que vida más rara tenemos! Nos quedamos solos en el planeta, nos damos un viaje de la hostia colocados con una droga potentísima y aparecemos en el puto Pakistán fumando hachís de un covertizo de narcotraficantes –divagaba Txus mientras flotaba en el estupendo mrao de aquel hachís pakistaní que de la pureza se deshacía al mínimo roce.
-Yo ya no me puedo creer nada –añadió Don.
-¡Hostia! ¿Y si pakistán no estuviera asolado por ese extraño holocausto y aquí vivieran unos putos narcos? Igual estamos exponiéndonos a que nos maten o vete tú a saber –alertó Samanta.
-Coño es verdad... –pensó Txus.
-No tío, porque estamso en un puto desierto y esta es una mierda de txabola, no va a vivir nadie aquí –dijo Don.
-No, porque mira la de hash que hay tío, por aquí vendrá alguien de un momento a otro –rebatió Txus.
-¿Qué dices tío? Esto está deshabitado, y esta carga no se repartirá hasta dentro de un tiempo, no sé, sería mucha coincidencia que llegaran justo un día que estamos aquí fumando –insistió Don.
-Bah tíos no os ralléis y fúmale que yo ya le he dao –interrumpió Txus.
-Buah pasa –dijo Samanta sonriendo.
-¿De qué estábamos hablando Samanta? –preguntó Don.
-Eh... no sé tío, creo que de Steve Urkle. Mira fúmale que este es doblecero.
Las siguientes horas pasaron plácidas en la humilde txabola donde fumaban esea partida de alijo. Charlaron de su situación y lo que iban a hacer, de lo que se acordaban de todo este tiempo de viaje por las brillantes lagunas de la psiocdelia, en un estado de confusión pero sin quitar ese ya tan arraigado desenfado y dejar vivir de nuestros personajes, que hacía que todo les diera un poco más igual.
-La luz... la luz...
-Que vida más rara tenemos. Nos quedamos solos en el planeta, nos damos un viaje de la hostia colocados con una droga potentísima y aparecemos en el puto Pakistán fumando hachís de un covertizo de narcotraficantes.
-La luz es... azul. La luz...
-Tú... ¿no sientes algo que... dios, recuerdo esta sensación.
-La luz.... –Repetía una y otra vez Don, mirando el cielo azul con la mirada perdida en lo profundo de sus pensamientos, y de repente una sensación invadió su cuerpo. Una vieja a miga que volvía.
Un flashback de el efecto del lsd tan potente provocado por el consumo de cannabis hizo que Don, Txus y samanta volvieran a ese profundo estado de psicodelia pura que los desinhibe por completo de la realidad.
Los pájaros voletean y pían exaltados por la viveza de un nuevo día. El sol mañanero empieza a iluminar la ciudad. Sus calles, sus edificios, sus árboles y pastos, sus coches apilonados bajo una capa de polvo, y daba sensación de viveza al nuevo día. Un zorro corretea excitado en busca de diversión, y los tres duermen plácidamente sobra o debajo del banco, apilados desordenadamente. Un pajarillo se posa sobre el bonito edificio rojo de tres plantas que hay frente a nuestros amigos. Luego le siguen los demás, y empiezan a piar divertidamente. El ruido de los pajaros hace que Txus entreabra los ojos, se despierta y empieza a sentir sensaciones nuevas, o ya olvidadas. Al tiempo se percata de que ha vuelto a recobrar la conciencia de ese estado de inmersión alucinógena. Y averigua que está en un sitio totalemte distinto, como al anterior vez. Y otra vez siente esa sorpresa y ese desconcierto de cuando despertó en los cálidos desiertos de Pakistán.
Los demás se despertaron al poco tiempo, aunque Samanta no estuvo social, ni habló ni se movió durante unas horas, tras las que empezó a percatarse de su nueva experiencia.
-¿Dónde estamos? –preguntó Txus a las horas de haberse recuperado dele stado, mientras paseaban por las calles vacías al igual que en Gijón.
-No sé... pero no lo entiendo tío, esto está siendo demasiado. Nos están sucediendo cosas que jamás nadie podría creer, dignas de historia para un morao dijo Samanta consternado.
-Ya bueno, pero tú piensa esto, ¿qué le vamsoa ahcer? No podemso evitarlo, el curso del mundo y nuestras optativas en él se han esfumado. Ahora nosotros pasamos de controlarlo a ser súbditos de él –respondió Txus.
-Ya pero... no sé, es muy exraño. ¿Cómo hemos llegado aquí, cómoe s que seguimos juntos si no recordamos nada en mucho tiempo? Esque hemos pasado a ser esclavos de una droga.
-Bueno... eso tiene que ser un flashback. Igual al fumar tanto se agravó y nos volvió el efecto. Y como el éste dura tanto, sería un flashback de mucho tiempo.
-Pues espero no tener más. Por cierto Don ¿qué día es? Míralo en el reloj tuyo.
-No tiene pilas.
-Uu que intriga –bromeó Txus.
Las horas transcurrieron plácidas, aburridas, como en un lago al que vas con la decisión de admirar la preciosa fauna y en el que no aparece ni un fétido pajarucho simplón. Las preocupaciones ahora eran las de supervivencia. Deberían procurarse un buen lugar donde pasar la noche a salvo del frío nocturno y las posibles alimañas que pudieran atacarles. Pero lo más importante a la par que preocupante era que no habían comido ni bebido nada en no sabían cuánto tiempo, y sus cuerpor se erguían flacuhcos y huesudos, con heridas y cicatrices de vete tú a saber.
-Tío necesitamos algo de comer. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero tenemos quee ncntrar algún alimento que no se haya podrido, algo de reserva en los supermercados.
-Sí, no nos queda otra.
De entre calle y calle, usmeando como perros abandonados, llegaron nuestros amigos a una calle principal, con coches apilados en las calles y la carretera rodeada de hierbajos y basura.
-¡Mira! –exclamó Samanta- Aquí tiene que haber un buen supermercado o algo.
Al rato de transitar por esa calle, a la altura de la mitad, vieron un cartel que les dejó atónitos.
-Oh dios mío –dijo Txus- Ese cartel dice que esto es Mokba, ¿sabéis que es eso no?
-Moscú -sentenció Samanta.
Siguieron conversando acerca del nuevo descubrimiento, charlando, discutiendo, echando juramentos riendo luego cuando un ruido del extraño ambiente se distinguió entre los demás, y para cuando quiesieron darse cuenta ese estruendo se había velto ruidosísimo, y con la misma rapidez se fue.
-¡Joder! ¿qué coño ha sido eso? –exclamó Don.
-¿Eso era una... una...? no puede ser –dijo Txus.
-¡Tío! Acaba de pasar una moto por nuestras narices! –dijo Samanta.
-Buah que no puede ser.
-¡Tenemos que hacer algo! ¿no?
-Sí, corramos hacia allá, a ver si lo vemos –propuso Txus.
Los tres corrieron en dirección hacia donde se escapó la moto cuando el estruendo volvió a oírse. De repente, una yamaha nuevecita derrapó y dio la vuelta para frenar en seco justo delante de nuestros amigos. Éstos, atónitos y asustados, guardaron silencio el tiempo suficiente para que el motorista se quitara el casco. Bajo él, apareció un tío de unos 18 con pinta de chino.
-¡¿¡¿Samanta?!?! ¿Eres tú o me lo estoy imaginando?
-¿Lee? ¿eres Lee?¡Jooder chaval que no puede ser!
Los gritos de incredulidad y sorpresa rompían con el susurro de la constante y plena soledad que se respiraba en las calles vacías.
27/12/2008
El tema de la caridad

He vuelto a este mi especie de diario tras un considerable tiempo por problemas primero de conexión, los cuales acabo de arreglar, y segundo de salud, ya que por estas fechas siempre me pongo malo de los malditos bronquios, además de la gripe que este año pega fuerte, algo que me ha llevado a reducir mi consumo de cannabis y cualquier cosa que pase por los pulmones (exclúyase obviamente nuestro amigo el aire). Pues bien, esto me ha llevado a no poder opinar sobre temas que me habría gustado como la revolución de trabajadores y estudiantes que está sucediendo en Grecia, pero de todos modos ya trataré este y otros temas más adelante.
Un tema que sigue estando muy vigente por estas fechas es el de la caridad. Como estuve malo empecé a ver la tele con más frecuencia, y me he dado cuenta de que por estas fechas a todo quisqui le entra el espíritu navideño y empieza a hacer galas y anuncios con negritos o niños terminales a cascoporro, sobre todo aquellos que precisamente viven mejor que la mayoría, ya sea Raphael en su gala de cincuenta años cantando con la voz ya cascada que tiene mientras aparecen africanos de vete tú a saber dónde en la pantalla grande de atrás, o el Gonzalo Miró ese concursando con otros pintamonas en pasatiempos estúpidos para que el dinero que ganen se lo den a África. Antes de nada decir que ya pueden estar finos ese día si la vida de esas personas depende de la cultura de esta oligarquía de los medios de comunicación.
Y la cosa sigue: Fundación Letizia Ortiz, I+D (Investigación más Desarrollo), Unicef, Cruz Roja, Intermón Oxfam, Cáritas, etc...
Sobre esto me merece dos opiniones, la primera dirigida a todos estos que, sobre todo por estas fechas en las que Charles Dickens se presenta en sus intereses económicos y empiezan a hacer todo este tipo de anuncios, a participar en organizaciones dando algo de sus perrillas y llamando a los teleadictos de clase media a contribuir en ello. Sobre estos no tengo nada más que decir que son unos completos sinvergüenzas dignos de un desterramiento a Siberia. ¿Por qué? Si lo único que hacen es que los más adinerados (ya sea la monarquía, los tertulianos o algún que otro yuppie) den algo de su fortuna a los más necesitados... Parece justo ¿no? Ellos dan su dinero, por lo que los pobres son más felices, nosotros también lo somos al ver que por estas fechas el mundo es más justo ¡y sólo con encender la tele, qué chollo!, y los que dan ese dinero también lo son porque, además de que pueden comprarse el tercer deportivo nuevo sin remordimientos, ganan publicidad... Todos ganamos ¿no? Aquí lo dejo por el momento.
La segunda opinión que tengo al respecto va para aquellos y aquellas que anónimamente ayudan a los más desfavorecidos, personas mucho más dedicadas y valientes que cualquiera de nosotros empezando por un servidor, algunos que han dado la vida en ello y otros que casi la pierden. Estas personas, ya sean de Unicef, de Intermón Oxfam, de la Cruz Roja o incluso de alguna orden religiosa, merecen mi respeto por la buena intención que tienen, pero quiero decir que su modo de actuar no me parece el más eficaz. Me explico:
Ellos se gastan un montón de pasta en publicidad, anuncios bastante ingeniosos por aquí y por allá para adularnos y que la clase media occidental, osea nosotros, demos algo de nuestros bienes a estos defavorecidos del tercer o el cuarto mundo la mayoría de las veces. Y nosotros damos seis, o igual menos euros al mes para apadrinar a un niño, o para que en Níger pùedan extraer agua del subsuelo en vez de tener que caminar horas para conseguir una contaminada, o para que no se mueran miles de niños y adultos de sida o malaria al día... la lista en interminable, y las razones también. Pero creo que esa no es la solución. Así podemos salvar a uno, dos, cuatro o cincuenta, pero miles y millones de personas tienen problemas de todo tipo que van desde enfermedades (muchas curales), hambre, guerras, salarios ridículos de incluso menos de un euro al día, explotación de miles de trabajadores, muchas veces menores, prostitución tanto de mujeres como niños, esclavitud, terrorismo de Estado, y es un gran problema en conjunto que así no solucionaremos. Mientras un occidental de clase media da algo de su dinero a estas zonas para ayudar a unso pocos, o incluso si deja su trabajo y su casa o incluso su familia y se va a la zona en cuestión a ayudar el resto de su vida, mientras tanto, los gobernadores capitalistas que hemos elegido democráticamente se ocupan de que la solución no se extienda, ¿cómo? No perdonando la dedua externa, un gasto mínimo que es el yugo que mantiene en la pobreza a toda esta gente, vendiendo armas tanto a los gobiernos corruptos del tercer mundo como a las guerrillas para financiar guerras que desestabilicen los países y poder ocuparlos con las ’’fuerzas de paz’’ yasean cascos azules o las Fuerzas Armadas, dejando el comercio, base de la economía de cualquier país en manos de empresas que buscan el mayor beneficio posible a costa de comprar productos manufacturados en los países pobres a un precio absurdo para luego revenderlos a un precio enormemente superior quedándose así los beneficios (y creedme, el transporte no es tan caro, unas converse all star cuestan cincuenta pavos mientras que en Vietnam, país de fabricación, cobran un salario infinitamente inferior al coste de venta aquí), la venta a un precio demasiado alto de fármacos esenciales para la vida de millones de personas (ver ’’El Jardinero’’ película que trata bien este tema), etc...
¿A dónde quiero llegar a todo esto? A que hay que saber distinguir entre caridad y solidaridad. Por eso siempre me ha gustado este cartel de propaganda de la II República española.
Para explicarlo viene muy bien la fábula del niño y el pescador, que cuenta que un niño pobre tenía mucha hambre, de esto que se encuentra con un pescador, y entonces el pescador le ve, le da pena y le da un pez de los que pescó para quecene esa noche. Esto es caridad. Ahora bien, ¿no sería mejor que en vez de darle un pez para que cene esa noche le enseñase a pescar para que cene todas las noches? Pues bien, esto es caridad.
Apliquémoslo a la deprimente situación actual. ¿No sería mejor que en vez de dar algo de nuestro dinero a ayudar a unos pocos mientras que nuestros gobernantes se preocupan de que la cosa siga así obligásemos a que estos gobernantes y sus despiadados aliados del libre mercado acabasen con este genocidio que va en contra de todo derecho del hombre y la mujer? ¿No sería mejor que en vez de hacernos socios de Unicef nos levantásemos contra el sistema capitalista por un comercio justo y por la abolición de la deuda externa y de las disctadura del capital que alimenta la miseria? Claro, aquí nos entra el miedo, alimentado por los mismos que se hacen la foto con el negro moribundo, y es que si mejoramos la situación en el tercer mundo nosotros pasaremos hambre, que la naturaleza del hombre es estar por encima de los demás, que es muy difícil cambiar las cosas, etc etc...
¿Es que no estais hartos de toda esa mierda? Grecia se ha levantado contra el capitalismo, la crisis ha pasado de afectar a los tercermundistas a afectarnos a nosotros con paro y recortes salariales, el salario mínimo, que Izquierda Unida pedía en mil euros ha subido sólo un 6% hasta los 624€, y el gobierno, el mismo que se ocupa de no abolir la deuda externa y que vende armas a países como Marrucecos que usan contra el pueblo saharaui, nos da regalitos de mierda mientras la situación empeora día tras día. ¿Qué debemos hacer? ¿Apretarnos el cinturón hasta que pare la recesión económica? ¡No me jodas! Mientras despiden a un montón de trabajadores los bancos ganas miles de millones y las empresas siguen con sus ganancias, producen menos petróleo para que los jeques y los cerdos petroleros tejanos no tengan que vender parte de su rancho... ¿Acaso hace falta que la madera mate a un estudiante español como en Grecia? ¿No tenemos ya suficientes razones? Aqui lo dejo para la reflexión, epseremos que la gala inocente o los conscursos por África no nos tomen mucho tiempo, igual no nos queda para la Revolución.
¡Salud!
31/12/2008
Propósitos de año nuevo:

1- Tener autocultivo
2- Sacarme el bachillerato
3-Afiliarme al PCE
¡salud y república!
