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02/01/2009
Punks not dead!!!

Nota: Este artículo va para lxs adictxs a la música
Hola, ante todo feliz año nuevo y todas esas formalidades.
¿Nunca te ha pasado que nada más levantarte, además de pensar en echar una buena meada piensas en cierta canción y hasta que no la escuchas no se te sale de la cabeza? O más allá, que un día te levantes con ganas de sumergirte en reggae y/o ska mientras te inundas de cannabis, o que te dé la vena romanticona y te pases el día escuchando Sabina, o que en vez de ello te apetezca desahogar tus ganas de matar escuchando metal... Pues hoy me ha dado por el punk. No es una gran noticia, pero es que creo que no soy el único al que le dan este tipo de venadas musicales, así que aquí dejo para quien también disfrute del punk, estas joyas del género:
Lendakaris Muertos - Gora España
La Polla Records - Demócrata y Cristiano
The Exploited - Fuck the USA (la puta caña)
Tijuana in Blue - Clarete y Speed (versión de los anteriores)
¡Salud!
03/01/2009
El Trío del Mal tras el Holocausto #4

Y la historia sigue, como las pilas duracell, este es un capítulo de esos de transición entre hechos importantes, aunque también relata hechos trascendentales, todo como no dentro de esta locura anal y surrealista que es la historia. Ala, a disfrutarla.
Capítulo 4
-Cagüen la leche Miyagi ¿cómo es que estás vivo? ¿y qué haces aquí en Moscú? ¡Dios esto es demasiado! ¡no lo puedo creer!
-Dímelo a mí. Quién me iba a decir que viajando viajando iba a encontrar al Samantik. Y ¡coño Txus! ¿eres tú? Vaya no te había reconocido!
-¿Qué tal Miyagi? ¡Joder tío qué sorpresa!
-¿Y él quién es? –preguntó Miyagi.
-Es Don tío, del que ya te hable algunas veces de Gijón –contestó Samanta.
Miyagi era un amigo de Iruña, de donde era Samanta, aunque vivía en Gijón donde ha conocido a sus compañeros de viaje.
Al cabo de unos minutos, tras el júbilo de tan grata y esperanzadora sorpresa y cuando nuestros amigos pudieron construir frases coherentes, esto dijeron:
-No lo entiendo tío –le dijo Samanta a Miyagi-. Fui a Iruña y no encontré a nadie vivo tío. Ni mi familia, ni los colegas...
-Imagínate lo que tuve que pasar. Estaba fumando tranquilamente mi hierba cuando me despierto y em doy cuenta de que todo el mundo está muerto.
-Sí, nosotros pasamos lo mismo –dijo txus entristecido.
-Ya, pero vosotrois estabais juntos. Yo estaba solo. ¡Solo del todo! Por eso decidí irme de la ciudad a donde fuera, a ver si hay gente. Y acabé aquí.
-¿Y has encontrado a alguien? –interrumpió Don exaltado.
-Sí –respondió, y los tres gritaron de alegría-. Estuve viajando en esta misma moto –siguió, mostrando su Yamaha- y fui sin encontrar a nadie vivo y viendo cosas horrorosas que ni en una de las primeras de Peter Jackson hasta que llegué a Alemania.
-¿Y qué viste?
-Déjame contar. Iba yo en busca de comida por una calle de Berlín cuando oí unas voces. Corro hacia ellas y me encuentro un aparato de radio que estaba en un bajo del que se oía a alguien hablar. Y repetía una y otra vez la misma frase, por lo que supuse que no era alguien hablando en ese momento sino una grabación, pero eso no fue de ningún modo desesperanzador cuando oí lo que decía, que estaba en inglés:
Hola, alguien ahí? Somos una comunidad de personas supervivientes a este extraño fenómeno que ha matado a tanta gente. Cualquiera que nos oiga y necesite ayuda y cooperación, estamos a las afueras de Moscú. Gentes de toda Europa y otras zonas del mundo estamos aquí. Por favor venid.
¿Y qué pasó? –pregutnaron intrigados.
-Decidí ir en moto y llegué justo en medio del invierno, con un frío horroroso y todo cubierto de metros y metros de nieve. Como no podía ni entrar en la ciudad, me metí en una casa de campo de un pueblo cercano. Pasé ahí dos semanas, hasta que me ví desprovisto de cualquier alimento y leña para calentarme. Entonces decidí salir y di vueltas y vueltas por als afueras, sin poder penetrar en la ciudad atascada de nieve. Ni siquiera los animales que antes me acechaban salían a cazar. Estuve así hasta que se me acabó la gasolina, y al borde del desfallecimiento encontré una señal, que brillaba entre la tormenta de nieve con un pañuelo rojo. La señal decía Por ahí à, Caminé y a unos cincuanta metros encontré en un valle bajo un complejo de edificios cubiertos de nieve. Cuando bajé vi muros que tapaban zonas de acceso como caminos y carreteras. Tras merodear por los alrededores oí unas voces en un idioma raro y seguidamente unas personas llegaron y me llevaron dentro.
-¿No jodas? ¿Y qué era?
-Flipa chaval. Hay una comunidad de gente de puta madre que sobrevivió a lo que pasó y que vive ahí. Yo ahora vivo ahí, y hay hasta grupos de gente del mismo país que se conocieron aquí.
-¿Y hay españoles?
-Sí. Están Kiko de Vallecas, Marc y Miranda de Ibiza y Jausín de Cádiz.
-Hostia que movida.
-¿Jausín?
-Psché. Si ves la de motes que hay ahí flipas. Bueno, y vosotros, ¿venís por la señal de radio o algo así?
-Pues... creemos que no. Verás. Nosotros vivimos un tiempo en Gijón, aunque Txus se fue a Madrid y yo a Iruña, sin encontrar a nadie. Ïbamos a irnos y ya lo teníamos todo preparao cuando nos tomamos un lsd con no se qué mierdas superpotentes que nos hizo perder la conciencia durante... ¡echa!
-Emm... ¿dos semanas? –aventuró Miyagi.
-¡Tres meses chaval! Y acabamos en el puto Pakistán en medio del desierto fumando hachís de un cobertizo que estaba repleto de ello.
-Me estás vacilando.
-¡Que no, que no! Que estuvimos allí.
-¿Y cómo acabasteis aquí?
-Pues estábamos ahí fumando y lo siguiente que recordamos es despertarnos en un banco de esta ciudad hoy mismo.
-¿Me estáis ocultando algo?
-¡Joder Miyagi que no! Te lo juro que es lo que yo he vivido tío.
-Igual lo de Pakistán es una paranoia que tuvisteis por al droga.
Los tres recapacitaron.
-Puede ser. Por cierto –dijo Txus-,¿ en esa comunidad se fuman porros?
-Un montón de jóvenes de todo el mundo que viven en comuna tras un suceso que arrasó la humanidad... ¿tú qué crees?
-Bueno em... por asegurarme jeje.
-¿Y sabes algo de ese suceso?
-Pues ni yo ni niguno de los que he conocido tiene ni idea de cómo sucedió. Pero hay una cosa que hemos visto que tenemos todo en común. Todos estábamos fumando hierba cuando sucedió.
-¿Qué me dices?
-Sí tío. Pero aún más intrigante, todos estábamos fumando la misma hierba.
-¿Y cuál era?
-Una que fue mutada genéticamente en laboratorios secretos para aumentar su potencia de THC. No sabemos qué relación puede tener eso con que no hayamos muerto tan misteriosamente como la mayoría, pero algo tiene que ver.
-Si no fuera porque sé que no te habíamos facilitado un dato, no te creería, pero nosostros estábamos haciendo lo mismo cuando sucedió.
-Curioso es, sí señor, no menos que vuestra forma de haber llegado aquí –concluyó Miyagi- ¿No creeis que podrías haberos encontrado con alguine quye os dijera de venir aquí pero ahora no lo recordaseis?
-Hombre, dentro de esta puta locura, suena lógico –dijo Samanta, y decidieron ir a esa comuna de supervivientes.
La emoción de saber que no estaban solos ni mucho menos invadía a nuestros amigos, que aceleraban el paso mientras compartían increíbles historias con el viejo amigo Miyagi.
Un alto muro se divisaba al fondo de la carretera desierta, a unos cuarenta minutos de donde se habían encontrado. Don y Txus iban a pata mientras que Miyagi les guiaba con la moto con Samanta a sus espaldas. Cuando se acercaron al muro se distinguía una escueta torre de hierrajos y un símbolo de la anarquía pintado sobre el muro. Dos chicos asomaron sus cabezas de la torre, la cual debía de ser de control, y hablaron a Miyagi en un idioma extraño. Los tres, al verlos, no pudieron evitar sorprenderse, pues todavía no estaban acostumbrados al contacto con desconocidos. Al poco de abrieron unas pequeñas y gruesas puertas del muro por donde pasaron Miyagi y los demás.
-¿En qué hablabais?
-Ruso. He tenido que aprender algo para sobrevivir aquí, pero no te preocupes, con que sepas algo de inglés te harás entender –le respondió a Samanta.
Una vez accedieron lo que vieron fue un complejo de edificios viejos no muy altos y algo de gente, no mucha, transitando por las calles o charlando sentados en un rincón. Esta escena les abrumaba, como el cuerpo desnudo de la mujer que desean, y el ambiente que se respiraba era más de un sitio vivo y acojedor que de uno estraño y peligroso.
Dos hombres y una mujer se acercaron a ellos, vestidos con ropa limpia aunque algo rasgada. Intercambiaron unas palabras con el chino y se dirigieron a los demás.
-¿Españoles? Yo Michael, el Thomas y ella Svetlana –dijo uno de ellos en acento del norte de Europa, dándoles la mano.
-Sí. Yo soy Samanta, y ellos son Txus y Don.
-Hola.
-Hola.
-¿Samanta? –preguntó Michael.
-Sí. ¿Qué pasa?
-No, nada –respondió Michael- Yo estudié un poco español, viví en Madrid.
-¿De dónde eres?
-Deutchsland.
-¿Alemán?
-Ja. Ellos dos son de aquí. Aquí gente de todo el mundo. Buena gente, te gustarán.
Samanta hizo acopio de su particular carisma y pronto intimó con quienes iba conociendo, al igual que lo iban haciendo Txus y Don, cada uno a su ritmo. Txus dominaba el inglés, al igual que Samanta, mientras que Don intimó más con los españoles ya que no hablaba otra lengua.
Marc y Miranda eran un matrimonio joven recién casado que decidió ir a Polonia pues Miranda tenía familiares ahí, y acabaron de esta forma en La Comuna, que así se llamaba el recinto. Kiko era un joven madrileño que tuvo la misma idea de mirar en las radios señales de supervivientes, y pronto intimó con nuestros amigos ya que era un heavy todo legal. Luego estaba Jausín con su peculiar historia. Era el mayor de La Comuna con cuarenta y seis años, y según contó era un entrenador de fútbol de chavales adolescentes de un equipo malísimo que se dedicaba a pasar hachís a sus jugadores por lo que nunca marcaban un gol, y a sus manos, como a las de los demás ‘’privilegiados’’ llegó la hierba especial que le salvó del extraño suceso. En cuanto a cómo llegó aquí, cruzó en un pesquero el estrecho hasta llegar a Marruecos ya que ahí tenía unos amigos, y aunque los encontró como al resto de gente, cogió un alijo enorme y se fue en busca de alguien vivo por todo el mediterráneo hasta coincidir con unos griegor en plena mar que iban en busca de sus familiares ya que sabían lo de la señal de radio. La mayor parte de porros que había aquí ahora los trajo él, aunque una de las normas de La Comuna era que la única propiedad que existía era la colectiva, así que si se quería quedar los tuvo que dar a la administración, algo que vio rentable a cambio de un sitio donde vivir, y más importante aún, un sitio donde convivir.
Y así había hasta un total se cianto diecisiete personas, con historias increíbles que contaban en los ratos libres que les quedaban tras asegurarse llegar a ver el siguiente amanecer, sin la resaca de vodka y porros no se lo impedía.
La Comuna era un sitio la mayor parte del tiempo alegre, sobre todo por las ganas de vivir que se notaban en los que ahí vivían, jóvenes en su prñáctica totalidad, siendo el mayor Jausín de cuarenta y seis y el menor una niña sueca de dos años que vino con su madre. Como ya dije, la propiedad es colectiva, todo lo que se consigue va para el bien común. Hay viviendas de sobra, aunque procuran ocupar los mismos edificios para que no haya aislamiento, aunque inevitablemente, cada uno tiende a ir para la zona de sus compatriotas, habiendo ya unas pequeñas zonaspor países, y los desgraciados que no los hayan, como el único portugués de la zona, tienden a ir con los de sus países vecinos, así que con el paso del tiempo resultaba difícil ver a un italiano con un finés, aunque las cenas comunes en las que todos se reunían y contaban sus historias en inglés, para el mayor entendimiento posible, hacían que esa disgregación fuera menor. Vivían de las reservas de los supermercados, además de unas cuantas huertas e invernaderos llenos de verduras y frutales y algo de ganado para ocasuiones especales. Ésta era una de ellas. Mataron una vaca para la ocasión, y, como siemrpe que había que repartir algo, se daba por este orden de prioridad: para quien lo cocinaba, traía o conseguía de algún modo, para quien fuera el fruto de una celebración (cumpleaños, recién llegados, etc...), para quien necesitara más que otros de ello y lo que sobrara (si sobraba) por sorteo.
El hecho de que tanta gente se reuniera para dar cobijo y la bienvenida a unas personas que habían pasado tanto tiempo solos, agarrándose al desamparo para no caer en la locura e intentando ya no olvidar, sino pasar rápido el día a base de desinhibiciones de todo tipo, ese cariño tras tanta desesperación y resignación, hacían que se emocionasen enromemente, como aquella vez que se reencontraron en el parque al borde del suicidio, y los demás, aunque no hablaran la misma lengua, ni supieran cuál era su historia, lo sabían, sabían lo que sentían sin necesidad de intercambiar dos palabras, porque todos y cada uno de ellos había pasado por lo mismo, algunos con mayor o menos sufrimiento, algunos con mayor o menor fortaleza, todos eran iguales.
15/01/2009
¿Os acordáis?

Este artículo va de la guerra. ¿De cuál de ellas? De la que más se habla últimamente, una de las pocas injusticias fielmente transmitidas por los medios de comunicación, la guerra de Gaza. Bueno, más que guerra es un genocidio. ¿Que no? Hay miles de palestinos a los que no les dejan salir de la franja de gaza (bloquean las salidas), les matan de hambre (no dejan pasar recursos de primera necesidad) y por si acaso les bombardean con sustancias tanto ’’legales’’ (como si fuera legal matar indiscriminadamente a la población civil) como ilegales (fósforo blanco, usado como no en la guerra de Vietnam por sus aliados yankees). Pero bueno, como la gente no pasa y ya está sino que está más concienciada que de costumbre (algo bueno tendría que tener un gobierno de ’’centroizquierda’’), paso de echar la parrafada de por qué es una masacre y todo eso y me remito a mostrar la imagen de una tira ’’cómica’’ que hice ayer sobre el tema.
Adelanto que al moraleja de esta historia es que al parecer, tenemos una memoria muy selectiva y caprichosa.
¡Salud y viva Palestina libre!
23/01/2009
El Trío del Mal tras el Holocausto #5

Nuestros amigos van a partir hacia nuevas aventuras, ¡la cosa va que trina! Así que sin más dilaciones, disfruten señorxs:
Capítulo 5
Los días transcurrieron plácidos, felices, y la noción del tiempo se hizo radicalmente distinta, no porque el tiempo pasara más rápido ni mucho menos, para eso ya tenían nuestros amigos buena cantidad de drogas, sino por el hecho de que apreciaban las horas con mayor fijamiento que antes, mucho más, y el tiempo pasó de transcurrir rápido y monótono, aburrido y sombrío, en un ambiente psicodélicamente desalentador, a pasar intenso y tranquilo, aunque sean palabras algo antónimas, ya que disfrutaron de sensaciones que ni las destrucciones ni los colocones podían suministrarles, sensaciones que sólo te da el contacto con otras personas, y no hablo solo de echar un polvo (una práctica que, como es lógico en una comuna de jóvenes, se estilaba mucho), sino por el mero hecho de conocer gente nueva, charlar de cualquier tema que no hubieras oído, o simplemente contentarte viendo la viveza de las calles repletas de gente en movimiento, tonterías que pasamos por alto pero que nos resultan esenciales para la integridad moral. Y tranquilo fue porque tenían en todo momento una sensación de seguridad que habían tenido que olvidar y cerrar en una cúpula de constante tensión. Habían pasado tanto tiempo solos, estupefactos, que les sorprendió más el mero hecho de sentirse felices de nuevo que la causa de ello.
Desde que llegaron, haciendo en total ciento diecisite personas, vinieron en tres meses otras tres personas:
La primera era un tío de unos veintitantos de nacionalidad rusa que decía llamarse Lev y ser un preso político que se acababa de fugar de la cárcel y buscaba cobijo. Cuando lógicamente le preguntaron que cómo se iba a acabar de fugar de la cárcel si todo rincón está deshabitado desde hace más de un año, dijo que se había fugado hace ya tiempo pero no se atrevía a entrar en la comuna porque se pensaba que eran los funcionarios de la cárcel y que tomarían la justicia por su mano con él ahora que ya no había gente.
Su aspecto era completamente desaliñado. Cuando llegó llevaba una camiseta interior blanca llena de tierra y sangre y que apenas se sostenía de lo rota que estaba, unos pantalones sucios y agujereados e iba descalzo. Llevaba el pelo sucio, revuelto, y cortado a cachos, y la cara llena de cortes de intentar afeitarse. Pero lo que más impactaba, más aún teniendo en cuenta que todos los que llegaban iban más o menos igual de desastrosos, era su mirada, la expresión de su cara. Casi nunca te miraba, siemrpe andaba con los ojos como vibrando, mirando de un lado para otro sin pararse en nada, y con una sonrisa vacilona que le daba cierto toque de loco.
Cuando le preguntaron si había fumado algo dijo que en la prisión donde estaba le drogaban constantemente apra que se le olvidasen las ideas subversivas.
No tuvieron más remedio que aceptarlo, aunque todos le creyesen lo que parecía y su pasado fuera algo turbio, y acabó siendo el extraño tonto del pueblo, con su casita aparte de los demás llena de mierda inútil hasta los topes y siemrpe recluido con el único contacto de la ventana, a la que se solía asomar para fisgar a las gentes de la comuna.
Los otros dos eran una pareja mayor de judíos israelitas que parecían ser unos simples excursionistas con todo el pack de supervivencia a sus espaldad. Eran Isaac y Helen, de sesenta y dos y cincuenta y cuatro años respectivamente. Hablaban hebreo como lengua materna y con fluidez el inglés y Helen además el ruso.
Contaron que llegaron ahí por casualidad, ya que estaban buscando a los primos que helen tenía en Moscú, de donde tenía ascendencia. En cuanto al factor común de la hierba, dijeron sonriendo que si no sabían que en el congreso de Israel había dos diputados del partido cannábico. La verdad es que imaginarse a dos judíos ya viejos de clase media alta fumando porros sí que entraba más en la realidad de este mundo.
Eran amables y tranquilos, miraban a todo como si fuera algo interesante que aportar a sus vacaciones, y no parecían ser algo consecuente de lo que había sucedido, más bien parecían unos turistas que se habían perdido y que necesitaban cobijo por unos días.
En realidad todos pensaban quedarse ahí por unos días, y el sitio tenía pinta de ello: maletas sin deshacer del todo, con las mejores prendas dentro para una mejor ocasión, caminatas a lso alrededores en busca de gente con nuevos paraderos, y esas constantes pruebas con radio a todos los lugares posibles, pero al fin y al cabo todos se acababan quedando ahí, sacaban el traje caro de regalo de navidad y lo lucían con orgullo en las cenas comunes con sus nuevos amigos y vecinos. Pero eso no fue así con nuestros amigos, ellos estaban destinados, o al menos dio la casualidad de que se debían ir de allí, por muy a gusto que estuviesen. Y esto fue por algo nuevo que aportaron los judíos. Se lo contaron sólo a los que parecían mandar allí, pero pronto pasó de boca en boca a conocimiento de todos. La cosa era que Isaac siguió trabajando en el ejército tras el servicio obligatorio y tenía conocimiento de algo que podía tener relación con lo que provocó este holocausto repentino, y así lo contó:
-Como ya sabrás Michael, nosotros los israelíes colaboramos... bueno colaborábamos militarmente entre otros aspectos con los estadounidenses, pues bien, yo era un alto cargo en la inteligencia militar de mi país, y fui uno de los pocos que supo de la construcción de dos bombas totalmente revolucionarias por parte de Estados Unidos. Dichas bombas se suponía ya que nunca que yo sepa las explotaron, producían una alteración en las neuronas humanas haciendo imposible su conexión, lo que hace que el cerebro no procese y el sujeto muera. ¿Cómo han hecho eso? Dije yo, ¿y sólo en humanos? ¡venga ya! Pero según decían lo habían probado con algunas personas, aunque, claramente, esto no podía constar en los informes oficiales, era pura comidilla de los altos mandos militares. El caso es que he visto lo que sucedió y casando ideas di con que alguna de esas bombas podría haber provocado esta masacre. Verás... no se lo he contado a nadie, ni siquiera a mi esposa, más que nada porque no puedo evitar sentirme culpable, sentirme parte de ello. Yo perdí a mis hijos ¿sabes? Está siendo muy duro y... no sé, igual vosotros pudierais hacer algo, no sé, encontrar a quien hizo esto, si es que es obra de alguien concreto y no algún castigo de Dios.
Como la historia se fue tergiversando entre charlatanes, el propio Isaac tuvo que dar explicaciones unas semanas después, y de la misma manera lo contó en una cena. El resto de la noche y los días siguientes los pasaron discutiendo sobre el tema, será verdad, qué hacer, posibles teorías, los culpables... El ambiente de paz se había roto, y algo había que hacer, y allí es dodne entraban Samanta, Don y Txus.
Aunque parezca mentira para unos adolescentes, eran de los que más se sabían defender, tal vez porque les tocó de las peores partes de este drama, y tenían conocimientos de distintas materias que pasaban desde las mínimas de supervivencia a cómo montar un sistema de abastecimiento eléctrico o qué tomar cuando vomitas todo lo que comes, además, aunque otros también guardasen esas aptitudes, fueron convincentes a la hora de irse, ya que querían profundamente solucionar este embrollo, y en la comuna ya no se sentñian tan agusto, así que con el intermedio de Miyagi y algo de carisma, a los mandamases entre los iguales les pareció bien que enmendasen esa misión. Claro que les asustaba abandonar esas tierras seguras para ir a nuevas zonas sin conocer, donde podría haber cualquier cosa, pero la noción del peligro resulta algo muy relativo en estas condiciones, y de todos modos se acercaba el duro invierno y las reservas de comida se iban acabando, por lo que prometieron volver con noticias nuevas y se fueron cargados de provisiones, ropa, todo tipo de utensilios, libros, una buena placa de hachís, vodka, tabaco, ácido y los buenos recuerdos de rollos amorosos, nuevas amistades y el resurgido sentimiento de formar parte de algo, algo que les daba fuerzas para tirar palante sin mirar atrás.
La furgoneta en la que iban ir iba hasta los topes de equipaje, ya que se suponía que era una misión importante, además de los enormes bidones de gasolina, y aunque eso ralentizase el viaje los tres se sentían libres y seguros, sabiendo que hay más gente y con el ímpetu de descubir nuevo y quizá mejores lugares.
Ya estaba todo preparado para la mañana siguiente, y mientras tanto, bajo la tranquila noche, celebraron un banquete especial para los misioneros. Había dos pavos, tenera, verduras a la plancha y algún que otro capricho dulce que resistía a la fecha de caducidad.
Txus, Don y Samanta volvían para sus habitaciones hartos de vodka, como una cuba.
De repente, una sombra se acercó de entre una de las calles del complejo de edificios sin luz. Era un hombre desaliñado, pestilente y despeinado que miraba agitadamente.
-Sé lo que vais a hacer –dijo.
-Lev, ¡qué sorpresa tío! ¿qué haces aquí? – dijo Samanta en inglés con una pésima pronunciación de borracho.
-Tío que la fiesta está de lujo, vete pallá – añadió Txus.
-No podéis ir, va contra las normas –dijo Lev.
-¿Qué normas?
-¡No iréis, el sistema tiene que seguir su curso! ¡cerdos bastardos, llegaremos hasta el fin! –gritó y sin previo aviso sacó un machete enorme y oxidado de la roñosa gabardina que llevaba y les atacó.
-¡Cuidado! –gritó Txus calléndose del susto.
-¡Os mataré! –gritó histérico Lev, y se abalanzó sobre Txus todavía en el suelo.
-Samanta, que le sacaba una cabeza, le asestó una patada en el momento justo que se agachaba, acertándola en la parte derecha de la cara de pleno. Cuando cayó del aturdimiento, txus no esperó y le propino unos cuantos puñetazos en la cara, que iban a cualquier lado del pedal que llevaba. Don le agarró y le quitó el machete. Txus lo levantó y lo volvió a tirar al suelo. Luego le dejaron levantarse solo.
-¡No iréis cabrones! ¡tengo al misión de mataros! –gritó serio, como si la paliza no el hubiera afectado al estado de ánimo.
-¡Vete a la mierda gilipollas! –le gritó Samanta en español.
-Te mataremos a ti como no te vayas a la mierda –le dijo Don en el idioma común.
Lev bajó la cabeza, los tres esperaron un poco y se dieron la. Cuando Don miró para atrás de nuevo, vio que estaba apuntando a los otros dos con una pistola, corrió hacia él y al ver que no llegaba le lanzó el machete que llevaba. Éste le alcanzó en la cara y parte del cuello y Lev falló el tiro.
Samanta corrió a coger de nuevo el Machete y se lo clavó en el pecho, crujiendo contra el esterón. Lev no soltó la pistola, apuntó a Samanta en el suelo lloriqueando y gritó:
-¡Os mataré! – y añadió algo en ruso. Antes de que nadie hiciera nada el brazo de Txus apareció y le cortó la garganta hasta llegar a codo, haciendo saltar sangre de Lev y que dejó un rugido salvaje, después se desmaó y calló muerto.
-¡Hostias loq ue hemos hecho! –dijo Txus flipando en colores.
-¡Le has matado tú! –gritó Don.
-¡Samanta también le dio! –reprochó.
Antes de que siguiera la discusión aparecieron unas personas que acudieron ante los gritos. Pronto se llenó de gente.
Tras dar explicaciones de lo sucedido, creyeron lo que les relataron, más que nada porque todops le daban pro loco al pobre de Lev, al que más creían fugado de un centro psiquiátrico que de una cárcel. Esto no supuso más que un susto para unas personas que habían visto de todo, y pronto se tranquilizaron y se fueron a la cama a la espera de al resaca.
Al día siguiente nuestros amigos partieron.
El propósito era llegar a Houston, Texas, donde se suponía que tenían al menos información sobre la bomba en cuestión, lo veían como un propósito a última instancia, y el viaje se hizo relajado. Fueron hacia el oeste, hacia Polonia, con la intención de llegar a la costa y de ahí coger un barco hacia el Atlántico, y de la que iban, todavía en tierras rusas, divisaron un enorme campo vacío con unos hángares enormes y un cartel que decía algo en ruso y abajo en ingles ponía: MILITARY BASE, DO NOT ENTER.
-Un cartel muy tentador, ¿no os parece? –Todos coincidieron y entraron.
En el interior había una enorme explanada que por sus rayas pintadas en el suelo debía de ser un aeropuerto militar. Miraron dentro de unas casetas y, además de pestilentes y putrefactos esqueletos con el uniforme militar, encontraron un cuarto hasta los topes de armas de todo tipo: Fusiles de asalto M-16 y AK-47 entre otros, fusiles de francotirados, subfusiles, armas de cañón corto automáticas y semiautomáticas, rifles, lanzacohetes, explosivos como granadas de mano y bombas de corto alcance... uno de los peores sitios para echarse un cigarro agusto. Salieron fuera y empezaron a divertirse disparando a todos lados, algo que ya habían hecho con las pistolas que iban recogiendo por la antigua Gijón, aunque les sorprendió el daño que puede hacer el retroceso de una Kalashnikov en el hombro.
¡Ratatatatata! ¡Ratatatatata! ¡Ratatatatata!
-Dios tío, esto es una pasada –exclamó Don.
-Ey Don, ¿echamos un Counter algo realista?
-¡Samanta tío no me apuntes con un arma que estoy de misión secreta! ¿vale?
-Jaja, puto Don.
-¡Ey chicos venid! –gritó Txus desde lo lejos, sin apenas oírsele.
La voz venía de uno de los enormes hángares que allí había y que hasta entonces no habían reparado en ellos. Cuando llegaron lo vieron observando un majestuoso y polvoriento helicóptero Hércules que allí descansaba.
-¿Qué miras? –preguntó Don.
-¿Crees que podremos llegar hasta yanquilandia en esto? Vi por la tele que pueden cruzar medio mundo, son los que usan para llevar tropas a otros países y tal –respondió Txus.
-¡Putos imperialistas! –añadió convenientemente Samanta.
-Hombre, si tuviese el depósito lleno, que no creo, debería bastar para llegar, estos aguantan miles de kilómetros de un tirón como dijiste –dijo Don.
-Pues habrá que comprobarlo –dijo Samanta, y trepó hasta la puerta de la cabecera del helicóptero de cristales tintados. La puerta estaba casi cerrada, pero se podía abrir, y dentro había (aún siendo algo horripilante) en una pocición graciosa un cadáver de ,ilitar con la mano todavía sujetando las llaves del contacto metidas en la cerradura. Sólo había que girarlas. Samanta agarró el muerto, lo tiró sin cuidado al suelo y se puso su maloliente casco de aviador, encendió el motor y estudió cada una de las señales e interruptores que mostraba. Al fin dio con una que ponía depósito lleno. Antes de informarse debidamente en al biblioteca de la base sobre mecánica y manejo de helicópteros, presión atmosférica, condiciones climáticas, e incluso paracaidismo, estaba claro, de ir a la costa nanai, cargarían el Hércules de provisiones y cruzarían el charco todo moraos. Este tipo de cosas, ya no se piensan dos veces.
28/01/2009
Pink Floyd The Wall

Pink Floyd The Wall es una película dirigida por Allan Parker en 1982 basada en el álbum The Wall de la banda de rock Pink Floyd. A partir de aquí empieza lo subjetivo:
Esta película, en la que predomina el estilo y la forma, llena de canciones, puede parecer (sobre todo para los no acostumbrados a musicales) un coñazo a primeras, pero una vez que la ves quedas asombrado de la carga que desploma sobre ti.
Ya había visto otros musicales antes, pero ninguno supo desgarrar como éste los sentimientos más profundos en forma de hermosos versos y una estética extraña a la par que impresionantemente realista, que sabe llevarte de la mano de la historia, meterte en ella y vivirla como algo propio.
No quiero contar nada de la historia, pues así se hace más sorprendente, pero diré que trata temas como el amor, la guerra, la tiranía y la represión de todo tipo, fijándose tanto en las malicias de un tirano como en las fijaciones de un inocente niño.
Puede parecer cursi, pero por algo más de hora y media que le dediquéis a la palícula aseguro que no será, ni mucho menos, tiempo perdido.
Recomiendo además, sobre todo para quien no entienda bien el inglés, verla subtitulada para entender las letras, pues son pilar fundamental para entender la trama, y para los conocedores de las delicias del cannabis, recomeindo también verla morao, algo ya personal pero que ayuda.
Por último decir de esta genial obra de arte que a pesar de la época es de buena calidad visual, para los tiquismiquis del tema.
All in all it’s just that, other brick in the wall
¡Salud!
